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Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Colombia: La inmigración como blanco de la crisis.

Juan Felipe Arcila. Barcelona, 18 de agosto de 2011

En países de la Unión Europea como España, Francia, Italia, Reino Unido y Países Bajos, numerosos trabajadores inmigrantes atraídos por el espejismo económico del Euro son señalados por algunos sectores populistas y ultraconservadores de entorpecer el repunte de las economías en crisis, de quitar el trabajo a los nativos o de afectar gravemente la economía con los envíos de dinero a sus países de origen. Pero el trasfondo político y económico de la inmigración en Europa es mucho más profundo y va (...)

En países de la Unión Europea como España, Francia, Italia, Reino Unido y Países Bajos, numerosos trabajadores inmigrantes atraídos por el espejismo económico del Euro son señalados por algunos sectores populistas y ultraconservadores de entorpecer el repunte de las economías en crisis, de quitar el trabajo a los nativos o de afectar gravemente la economía con los envíos de dinero a sus países de origen.

Pero el trasfondo político y económico de la inmigración en Europa es mucho más profundo y va mucho más allá de lo que se argumenta en estos simples señalamientos de los sectores que rechazan a los inmigrantes. La mayoría de los inmigrantes provenientes de Latinoamérica, África y Asía son personas que ingresan legalmente a los países de la Unión Europea (UE) haciendo uso de instrumentos jurídicos que se ajustan a las políticas migratorias establecidas por la Comisión Europea y las cuales responden plenamente a los requerimientos del modelo económico neoliberal predominante: favorecer la entrada de inmigrantes para sobrecargar la oferta laboral con el objetivo de bajar salarios y favorecer al capital en detrimento de los trabajadores.

Los informes de la Comisión Europea y de Business Europe (la patronal europea) reclaman desde hace decenios aumentar o mantener el número de inmigrantes con el argumento que se necesita personal para cubrir tareas que los ciudadanos de la UE no quieren realizar o vacantes en áreas como las de especialistas de la sanidad y otras disciplinas para las cuales no hay suficientes trabajadores nativos. Pero la realidad está demostrando que no hay tal número de puestos vacantes, que los jóvenes cualificados se encuentran desempleados, que los salarios y las condiciones laborales van en picada y que la población se sumerge en una competencia sin límite. Las patronales saben que entre mayor sea la oferta de mano de obra, más bajos serán los salarios.

La competencia feroz que el capitalismo está provocando entre los trabajadores no es exclusiva de la población inmigrante en la Unión Europea; muy por el contrario, es una política que se aplica a nivel mundial en la que los grandes grupos económicos hacen lo suyo. En nombre del libre comercio, los grandes grupos transnacionales y financieros producen y venden bienes y servicios en todo el mundo con una particularidad: producen en las regiones donde la mano de obra es más barata y venden en las zonas donde el nivel de vida es más alto. Dado que la competitividad es su principal fuerza motriz y que los costos de producción tienden a minimizarse y los salarios a abaratarse, las compañías transnacionales con centros de producción localizados en sus países de origen buscan abaratar la mano de obra aprovechándose de la inmigración hasta el punto de echar mano de esa reserva casi inagotable de mano de obra abundante, dócil y barata que son los inmigrantes sin papeles. Este fenómeno se ve agravado cuando las transnacionales trasladan sus centros de producción a los países subdesarrollados con lo que ponen en competencia a los asalariados de todo el planeta en una dinámica de bajos salarios que desestabilizan el mercado del trabajo y extreman el deterioro de las condiciones laborales.

Ejemplos hay muchos y bien conocidos. El traslado de centros de producción de las grandes compañías europeas a países con abundancia de mano de obra barata como China, India o Taiwan ha llevado a la quiebra a miles de pequeños y medianos empresarios con la consecuente pérdida de puestos de trabajo. La transnacional Dell, el segundo fabricante de computadoras del mundo, abandonó Irlanda en 2009 recortando 1.900 puestos de trabajo y se instaló en Polonia donde el salario mínimo es notablemente inferior. En Italia, en febrero del 2011, el grupo Fiat amenazó con trasladar sus fábricas a Europa del Este si los obreros no aceptaban trabajar más horas, en peores condiciones y con salarios reducidos, obligándolos a votar a favor de su propia sobreexplotación. En Latinoamérica la situación no es diferente, hay maquilas de marcas norteamericanas en el Salvador, Guatemala, Méjico y los demás países de la región compiten entre sí por ofrecer mano de obra barata y condiciones laborales precarias para atraer inversión extranjera.

En este contexto, vale resaltar el caso de Colombia país cuyo gobierno busca atraer inversión extranjera con base en una política de reducir salarios, empeorar las condiciones laborales y perseguir al sindicalismo para minimizar las protestas de los trabajadores. La UE es su segundo socio comercial y está pendiente la aprobación de un Tratado de Libre Comercio entre ambas partes, el que afectará sectores importantes de la producción europea por la alta probabilidad de que las compañías multinacionales desplacen sus centros de producción hacia Colombia para pilotear desde allí todo el mercado de centro y Suramérica con la consecuente pérdida de empleos en el viejo continente y el empeoramiento de las ya precarias condiciones laborales en Colombia.

Este panorama refleja la competitividad entre el capital y el trabajo, un círculo vicioso que favorece a las transnacionales que han monopolizado los mercados mientras que afecta lo mismo a asalariados nativos e inmigrantes que a pequeños y medianos empresarios, industriales y agricultores de Europa y el resto del planeta. Aumenta así la brecha entre ricos y pobres al tiempo que aumentan todo tipo de conflictos locales y regionales en los que las culpas de los conflictos entre capital y trabajo de la economía neoliberal tratan de ser expiadas acusando de todos los males a la inmigración producto de la globalización del neoliberalismo.

[1]. Ramonet, Ignacio. Esclavos en Europa. Le Monde Diplomatique nº189, julio de 2011.

http://www.monde-diplomatique.es/?u...

[2]. Bussines Europe. “Apostar por el Crecimiento. Una agenda para la Unión Europea en 2010 – 2014”.

www.cea.es/upload/documentos... Asociación para la Soberanía de Colombia

juarmal@gmail.com

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