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Por qué es importante la Comunidad Andina

Por qué es importante la Comunidad Andina Mario Alejandro Valencia, Centro de Estudios del Trabajo - Cedetrabajo, Bogotá, marzo 1 de 2010. En las elecciones del 14 de marzo se escogerá por primera vez en Colombia –de forma democrática– a las cinco personas que nos representarán en el Parlamento Andino. Es una ocasión propicia para analizar la importancia de la Comunidad Andina, cuya institucionalidad pasó de un esfuerzo de crear un mercado ampliado, con complementación económica y coordinación de (...)

Por qué es importante la Comunidad Andina

Mario Alejandro Valencia, Centro de Estudios del Trabajo - Cedetrabajo, Bogotá, marzo 1 de 2010.

En las elecciones del 14 de marzo se escogerá por primera vez en Colombia –de forma democrática– a las cinco personas que nos representarán en el Parlamento Andino. Es una ocasión propicia para analizar la importancia de la Comunidad Andina, cuya institucionalidad pasó de un esfuerzo de crear un mercado ampliado, con complementación económica y coordinación de políticas macroeconómicas, a un progresivo debilitamiento institucional producto de la teoría del regionalismo abierto que quiso adaptar la integración a la oleada neoliberal desde los noventa, frustrando los tímidos logros alcanzados y privilegiando los acuerdos de libre comercio con potencias de fuera de la región. Esto ocasionó la peor crisis de la historia del acuerdo, el cual se encuentra en vía de extinción. No obstante, las relaciones comerciales entre los países andinos (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) han sido altamente positivas para la industria y la generación de empleos de calidad. A través de los años se ha consolidado un mercado andino en el que esos países se han ido especializando en ciertos productos que le aportan a su economía un valor superior que las ventas de materias primas y recursos naturales. Por la vecindad de estos territorios, mucho de ese comercio es incluso considerado por los empresarios como ventas locales. Los resultados son evidentes: el 86% de las exportaciones a Venezuela, el 94,3% de las mercancías enviadas a Ecuador, el 87,5% de las vendidas a Perú y el 99,8% del comercio con Bolivia corresponde a productos industriales, esencialmente de manufacturas básicas (metalúrgica, química, papel) e industria automotriz. En el año 2007 Colombia vendió a este bloque un total de US $7.537 millones, de los cuales 6.786 millones fueron productos con transformación industrial, es decir, con valor agregado. Mientras tanto, de los US $10.373 millones que el país le vendió a Estados Unidos, 8.920 millones, el 86%, correspondió a productos primarios; cerca de la mitad fueron petróleo y el resto café, carbón y ferroníquel. Como si no fuera suficiente, esas supuestas exportaciones colombianas al país norteamericano realmente corresponden a los negocios del gran capital transnacional (Exxon Mobil, Chevron Petroleum, BP Company, Occidental, Halliburton, Drummond, BHP Billiton, entre otras), que le dejan al país unas exiguas regalías que no superan el 10% de lo que declaran haber extraído. Entonces, ¿qué relación económica le genera más progreso al país y empleos mejores remunerados y de mayor calidad, la de materias primas a Estados Unidos o la de vehículos y manufacturas a los andinos? Para el año 2007, la balanza comercial con Venezuela y Ecuador –sumada– era 2,4 veces mayor que con Estados Unidos. Bajo este modelo, el resultado para la economía nacional no podría ser otro que el del mediocre crecimiento y las altas tasas de desempleo, si se compara con otros países latinoamericanos que están siguiendo rumbos diferentes al señalado por Washington. A medida que avanza y se consolida la política de ‘exportar hasta morir’ y aumenta la presencia de transnacionales extractivas (el 90% de la inversión que llegó al país en 2009 se dirigió a los sectores de petróleo y minería), se reprimariza la economía y se pierde terreno en el campo de la producción de bienes industriales y en el comercio con países andinos. En el año 2002 las exportaciones tradicionales participaban con el 44% de las ventas totales del país y para el año 2009 esa proporción había aumentado al 55%. Así mientras las exportaciones del sector industrial caían en 23%, las de oro aumentaban en 73% y las de carbón pasaron de US $5.000 a 5.400 millones entre 2008 y 2009. ¿Cuántas toneladas de carbón hay que vender para comprar un avión? Lo que sucede con el ciclo comercial del país (lo que vende y lo que compra) es que nos vemos en la necesidad de exportar una mayor cantidad de recursos naturales para importar cada vez menos bienes con alto contenido tecnológico, a los cuales accede un pequeño porcentaje de la población que se benefician de la globalización neoliberal. Pese a toda la evidencia teórica y práctica, la solución propuesta por el presidente Uribe a la crisis económica es profundizar el mismo modelo que la provocó. No en vano busca ratificar a la mayor brevedad sendos Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, Canadá, la AELC y la Unión Europea, suscribir acuerdos bilaterales de inversión con potencias y paraísos fiscales, otorgar zonas francas especiales a dedo, todo lo que hace parte de la llamada “Confianza Inversionista”, en contravía de lo que la lógica económica indica hacer en momentos de crisis: fortalecer lazos económicos con los vecinos, porque estos son más dinámicos, sólidos y provechosos. Y así lo reafirma también el destacado economista Nouriel Roubini, quien en su visita a Colombia en mayo de 2009 afirmó que el crecimiento del país en los años anteriores “tuvo que ver con suerte” por los altos precios de los commodities en el extranjero, pero que en las actuales circunstancias era importante “cambiar el motor de crecimiento”. Lo que recomendaba a los países era “abandonar el modelo de crecimiento basado en las ventas al exterior y concentrarse más en su mercado interno y en la integración con sus vecinos”. Sin embargo, el libre comercio y la integración regional caminan por rutas separadas; el primer camino lleva a la destrucción de la Comunidad Andina. Venezuela se retiró después de que Colombia firmara el TLC con Estados Unidos y Bolivia lo hizo en medio de las negociaciones del TLC con la Unión Europea. Transitar un rumbo diferente para la mayoría de colombianos, que combata la pobreza, la miseria, el hambre, la exclusión y genere empleo y oportunidades, implica recuperar la capacidad nacional de promover desarrollo productivo y social, con respeto ambiental. Una vez recuperada la soberanía y habiendo consolidado un proyecto democrático y contrahegemónico, estará el camino abonado para fortalecer la integración andina, un espacio ventajoso para el progreso de Colombia y sus vecinos. Para lograrlo es necesario tejer lazos de unidad con los movimientos sociales y populares de la región, construir mecanismos que permitan trabajar colectivamente en pos de enfrentar la agresión común que sufren nuestras sociedades a manos de las potencias de Norte. También en aquellas naciones que intentan afianzar una política económica alternativa se hace necesaria la presión social para confrontar a las transnacionales. Raúl Arroyave, candidato por el Polo Democrático Alternativo con el #505, es garantía del trabajo a conciencia y con dedicación que se requiere hacer en el Parlamento Andino para lograr esa articulación. Será una legítima voz de los pueblos para denunciar los impactos de la voracidad de las transnacionales con la biodiversidad y los recursos naturales de nuestras naciones andinas. Será la tribuna de los movimientos democráticos andinos que resisten y luchan para transformar positivamente nuestra sociedad.

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